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Alex Honnold y el miedo. Amígdala, amenaza y adaptación

5 oct
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Actualizado: 6 oct

El 25 de enero de 2026, hora de Taiwán, Alex Honnold escaló el Taipei 101 en free solo, es decir, sin cuerdas ni ningún tipo de protección. Son 508 m y 101 pisos, y tardó 1 hora y 31 minutos, con transmisión en vivo de Netflix y 10 segundos de demora. Arriba saludó, comentó que tenía los brazos cansados y siguió como si nada. Personalmente es de las cosas que más me vuelan la cabeza del rendimiento humano, y la duda de siempre es el manejo del miedo cuando un error significa la muerte.

Amígdala y respuesta a la amenaza

La amígdala es un conjunto de núcleos en la parte medial del lóbulo temporal, uno en cada hemisferio. Recibe información sensorial por una vía rápida desde el tálamo y por otra más lenta desde la corteza, evalúa si algo representa una amenaza y, si es así, dispara la respuesta defensiva a través del hipotálamo y del tronco encefálico (LeDoux, 2000). La respuesta incluye la descarga simpática, con más frecuencia cardíaca, más ventilación, pupilas dilatadas y sudoración, y la activación del eje hipotálamo-hipófiso-adrenal, que termina en la liberación de cortisol.

Esquema del circuito de amenaza, el estímulo llega por el tálamo y la corteza sensorial a la amígdala, que activa el hipotálamo y el tronco encefálico con respuesta simpática y cortisol, mientras la corteza prefrontal ventromedial modula su salida y la experiencia consciente de miedo depende de circuitos corticales

Ahora bien, el miedo depende de más estructuras que la amígdala. LeDoux y Pine (2016) proponen separar dos sistemas, los circuitos que generan la respuesta defensiva del cuerpo y los que producen la experiencia consciente de miedo, que dependen sobre todo de la corteza. Los casos clínicos van en la misma línea. Una paciente con lesión de las dos amígdalas no mostró miedo frente a serpientes, arañas, películas de terror ni una casa embrujada (Feinstein et al., 2011), pero ella y otros dos pacientes con la misma lesión sí tuvieron miedo, e incluso ataques de pánico, al inhalar aire con 35 % de CO₂ (Feinstein et al., 2013). O sea, la amígdala es central para el miedo frente a amenazas externas, mientras que una amenaza que nace del propio cuerpo, como la falta de aire, puede generarlo por otras vías.

Escáner de 2016

En 2016 la neurocientífica Jane Joseph, de la Medical University of South Carolina, le hizo a Honnold una resonancia magnética funcional. Le mostró unas 200 imágenes perturbadoras o excitantes, desde cadáveres hasta escenas de montaña, y una tarea de recompensa en la que ganaba o perdía dinero según su velocidad. Como comparación usó a otro escalador de edad parecida, también con alta búsqueda de sensaciones. El periodista J. B. MacKinnon lo contó en Nautilus (MacKinnon, 2016) y el escaneo después apareció en el documental Free Solo, de 2018.

En el control, la amígdala se activó con claridad frente a las imágenes. En Honnold, Joseph encontró apenas un vóxel por encima del umbral estadístico, algo que ella misma describió como indistinguible del error. En la tarea de recompensa pasó algo parecido, el circuito de recompensa del control se encendió y en Honnold la actividad quedó casi solo en las áreas visuales.

Resumen del escáner de 2016, frente a imágenes perturbadoras la amígdala del escalador de control se activó con claridad y la de Honnold casi nada, y en la tarea de recompensa el control activó el circuito de recompensa y Honnold solo áreas visuales, con un solo caso y sin publicación científica

Un detalle sobre la imagen que más circula de ese escáner. Las manchas de color en el cerebro de Honnold están en la zona occipital, en las áreas visuales que se activan al mirar cualquier foto. Su amígdala, en cambio, aparece prácticamente apagada, y ahí está la diferencia con el control.

Joseph lo presentó como una observación, sin el diseño de un estudio, y le pasó además cuestionarios de personalidad. Honnold puntuó el doble que una persona promedio en búsqueda de sensaciones y un 20 % más que el promedio de las personas con alta búsqueda de sensaciones, pero también alto en escrupulosidad, un rasgo que se asocia con protección frente a las conductas adictivas (MUSC, 2019).

Genética y exposición

Joseph planteó que el circuito de amenaza de Honnold probablemente arrancó del lado frío del espectro y que años de exposición y de decisiones lo llevaron todavía más lejos. Con un solo escáner no hay forma de separar las dos cosas, pero la parte de la exposición tiene buen respaldo experimental. La extinción del miedo, que es la base de la terapia de exposición, consiste en aprender que un estímulo que antes predecía peligro ya no lo hace. La memoria nueva depende en buena parte de la corteza prefrontal ventromedial, que modula la salida de la amígdala, y convive con la memoria original sin borrarla (Milad y Quirk, 2012).

La forma de trabajar de Honnold encaja con eso. Antes de sus free solo más grandes ensayó las vías durante meses, incluso años, con cuerda, hasta memorizar cada movimiento. Él mismo cuenta que piensa mucho en caer antes de decidir, y que una vez que decide que está listo se compromete al 100 % (MUSC, 2019).

Tampoco encaja del todo en el perfil típico de quien busca sensaciones. En un trabajo anterior, Joseph y colaboradores (2009) compararon personas con alta y baja búsqueda de sensaciones frente a imágenes de alta activación. Las de alta búsqueda mostraron más respuesta en regiones de activación y refuerzo, como la ínsula y la corteza orbitofrontal medial posterior, y las de baja búsqueda, más respuesta en regiones de regulación emocional. En Honnold casi no hubo respuesta, y por eso Joseph lo describió como alguien muy distinto del típico adicto a la adrenalina.

Deportes de riesgo

En 77 saltadores de BASE con muestras de saliva antes y después del salto, Monasterio y colaboradores (2016) encontraron perfiles muy distintos. Los que tenían más experiencia y sensación de dominio casi no aumentaron la alfa amilasa salival, un marcador de activación simpática, mientras que un grupo con menos experiencia saltaba muy activado y con ansiedad, apoyado en la determinación. La baja respuesta del cortisol se asoció con la confianza y el apoyo social, y la experiencia por sí sola no la predijo. Es decir, en el riesgo extremo no hay un único perfil, y la forma de llegar a la calma varía de una persona a otra.

Aplicación práctica

Lo que puedo concluir es que la respuesta al miedo tiene una base individual y que la exposición progresiva y la preparación la modifican. Se suele decir que todo es entrenable. Para mí la palabra es adaptable, porque cada uno arranca de un punto distinto y el margen está en cuánto se puede mover a partir de ahí.

  • En trail el miedo aparece en las bajadas técnicas, en las aristas expuestas, de noche y con fatiga, y frena más de lo que parece.

  • Exponerse de forma progresiva, de lo controlado a lo exigente. Primero bajadas cortas y conocidas, después más largas, más técnicas, de noche o con fatiga acumulada.

  • Reconocer el terreno de la carrera cuando se puede y, si no, entrenar en terreno parecido. Conocer lo que viene baja la incertidumbre.

  • Sentirse capaz también pesa. La fuerza excéntrica de cuádriceps y la técnica dan margen, y es razonable pensar que eso baja la percepción de amenaza, aunque no hay estudios que lo midan en trail.

  • El objetivo es que el miedo deje de bloquear y siga informando. Honnold evalúa el riesgo todo el tiempo, y la diferencia está en que la respuesta no lo paraliza.

Limitaciones

  • El escáner de Honnold es un caso, con un solo control, y no se publicó como artículo científico.

  • Ver imágenes acostado en un resonador está muy lejos de colgar de un edificio a 500 m.

  • Que la amígdala se active poco en una resonancia no equivale a no sentir miedo, porque la experiencia consciente depende de otros circuitos (LeDoux y Pine, 2016).

  • Con un solo escaneo no se puede saber cuánto viene de la genética y cuánto de la exposición.

Referencias

MacKinnon JB (2016). The strange brain of the world's greatest solo climber. Alex Honnold doesn't experience fear like the rest of us. Nautilus. https://nautil.us/the-strange-brain-of-the-worlds-greatest-solo-climber-236051

Medical University of South Carolina (2019). The science of risk. How a neuroscientist and professional climber learned from one another. MUSC News. https://www.musc.edu/content-hub/News/2019/03/18/How-a-neuroscientist-and-professional-climber-learned-from-one-another

LeDoux JE (2000). Emotion circuits in the brain. Annual Review of Neuroscience, 23, 155–184. https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.23.1.155

LeDoux JE, Pine DS (2016). Using neuroscience to help understand fear and anxiety. A two-system framework. American Journal of Psychiatry, 173(11), 1083–1093. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.2016.16030353

Feinstein JS, Adolphs R, Damasio A, Tranel D (2011). The human amygdala and the induction and experience of fear. Current Biology, 21(1), 34–38. https://doi.org/10.1016/j.cub.2010.11.042

Feinstein JS, Buzza C, Hurlemann R, et al. (2013). Fear and panic in humans with bilateral amygdala damage. Nature Neuroscience, 16(3), 270–272. https://doi.org/10.1038/nn.3323

Milad MR, Quirk GJ (2012). Fear extinction as a model for translational neuroscience. Ten years of progress. Annual Review of Psychology, 63, 129–151. https://doi.org/10.1146/annurev.psych.121208.131631

Joseph JE, Liu X, Jiang Y, Lynam D, Kelly TH (2009). Neural correlates of emotional reactivity in sensation seeking. Psychological Science, 20(2), 215–223. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2009.02283.x

Monasterio E, Mei-Dan O, Hackney AC, et al. (2016). Stress reactivity and personality in extreme sport athletes. The psychobiology of BASE jumpers. Physiology & Behavior, 167, 289–297. https://doi.org/10.1016/j.physbeh.2016.09.025

 
 
 

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