Ejercicio y cerebro. Cognición, memoria y nivel de evidencia
Actualizado: 6 oct
Que el ejercicio mejora el funcionamiento del cerebro es algo que casi todos damos por hecho, y durante años se lo mostró con gráficos en los que los chicos con mejor capacidad aeróbica rendían mejor en matemática y lectura, como los que reúne la revisión de Hillman, Erickson & Kramer (2008). Esos gráficos muestran una asociación y no alcanzan para decir que una cosa causa la otra. La evidencia de ensayos controlados llegó después y muestra un efecto que existe, pero más chico de lo que sugerían esas correlaciones.
Asociación y causalidad
Los gráficos venían de estudios como el de Castelli y colaboradores (2007), que midieron condición física y rendimiento académico en 259 alumnos de tercero y quinto grado. La capacidad aeróbica se asoció con mejores resultados en matemática y lectura. Es un estudio transversal, es decir, mide todo en un mismo momento, y no puede separar el efecto del ejercicio del de otras variables que también se relacionan con el rendimiento académico, como el nivel socioeconómico, el sueño o el apoyo en casa.
Para saber si el ejercicio mejora la cognición hace falta otro diseño. Tomar un grupo, sortear quién entrena y quién no, y medir antes y después.
Ensayos controlados
Erickson y colaboradores (2011) hicieron eso con 120 adultos mayores durante un año. Un grupo hizo caminata aeróbica y el otro estiramientos y tonificación. En el grupo aeróbico el volumen del hipocampo anterior, una estructura muy ligada a la memoria, aumentó un 2 %, mientras que en el grupo control disminuyó. El aumento se relacionó con mejoras en memoria espacial y con mayores niveles de BDNF en sangre.
El análisis más amplio que encontré es el metaanálisis paraguas de Singh y colaboradores (2025), que juntó 133 revisiones sistemáticas con 2724 ensayos controlados y 258.279 participantes. El ejercicio mejoró la cognición general con una diferencia de medias estandarizada de 0,42, la memoria con 0,26 y la función ejecutiva con 0,24. Como referencia, 0,2 se considera un efecto chico y 0,5 uno moderado. Los efectos fueron mayores en chicos, con intensidades bajas a moderadas y en programas de uno a tres meses.

En mayores de 50 años, el metaanálisis de Northey y colaboradores (2018) encontró un efecto de 0,29 sobre la función cognitiva, con beneficios tanto del ejercicio aeróbico como del entrenamiento de fuerza.
Mecanismo
El candidato más estudiado es el BDNF, el factor neurotrófico derivado del cerebro, una proteína que participa en la supervivencia de las neuronas, en la formación de conexiones nuevas y en la neurogénesis del hipocampo. En el metaanálisis de Szuhany, Bugatti & Otto (2015), una sola sesión de ejercicio aumentó el BDNF en sangre con un efecto moderado (g = 0,46), ese aumento fue mayor después de un programa de entrenamiento (0,59) y el valor en reposo también subió, aunque menos (0,27).
Que el BDNF suba con el ejercicio está bastante establecido. Que esa subida explique la mejora cognitiva en personas es todavía una hipótesis, porque gran parte de la evidencia directa viene de modelos animales y el BDNF que medimos en sangre no es exactamente el del cerebro. También se proponen otros mecanismos, como un mayor flujo sanguíneo cerebral, la formación de vasos nuevos y otros factores de crecimiento como el IGF-1 (Hillman, Erickson & Kramer, 2008), y lo más probable es que actúen varios a la vez.
Aplicación práctica
Lo que puedo concluir es que el ejercicio mejora la cognición, la memoria y la función ejecutiva, que el efecto es de chico a moderado y que aparece en todas las edades. Las correlaciones de los primeros estudios sugerían algo más grande, y los ensayos lo respaldan con un tamaño de efecto más modesto.
No hace falta entrenar como un deportista para ver un beneficio. Los efectos aparecieron con programas de pocas semanas a meses y con intensidades bajas a moderadas.
En chicos, el movimiento en la escuela tiene argumentos de salud y también cognitivos.
En adultos mayores, combinar trabajo aeróbico y fuerza suma por los dos lados, el cognitivo y el funcional.
Conviene ajustar las expectativas. El ejercicio ayuda, pero no reemplaza dormir bien, estudiar ni atender otros factores de salud.
Limitaciones
Un metaanálisis paraguas hereda las limitaciones de los ensayos que incluye, y muchos tienen muestras chicas y protocolos muy distintos.
Las pruebas cognitivas cambian de un estudio a otro, y un efecto en una prueba de laboratorio no se traduce de forma directa en mejores notas o en mejor desempeño laboral.
El papel del BDNF en personas se apoya sobre todo en mediciones en sangre y en modelos animales.
Referencias
Hillman CH, Erickson KI, Kramer AF (2008). Be smart, exercise your heart. Exercise effects on brain and cognition. Nature Reviews Neuroscience, 9(1), 58–65. https://doi.org/10.1038/nrn2298
Castelli DM, Hillman CH, Buck SM, Erwin HE (2007). Physical fitness and academic achievement in third- and fifth-grade students. Journal of Sport and Exercise Psychology, 29(2), 239–252. https://doi.org/10.1123/jsep.29.2.239
Erickson KI, Voss MW, Prakash RS, et al. (2011). Exercise training increases size of hippocampus and improves memory. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(7), 3017–3022. https://doi.org/10.1073/pnas.1015950108
Singh B, Bennett H, Miatke A, et al. (2025). Effectiveness of exercise for improving cognition, memory and executive function. A systematic umbrella review and meta-meta-analysis. British Journal of Sports Medicine, 59(12), 866–876. https://doi.org/10.1136/bjsports-2024-108589
Northey JM, Cherbuin N, Pumpa KL, Smee DJ, Rattray B (2018). Exercise interventions for cognitive function in adults older than 50. A systematic review with meta-analysis. British Journal of Sports Medicine, 52(3), 154–160. https://doi.org/10.1136/bjsports-2016-096587
Szuhany KL, Bugatti M, Otto MW (2015). A meta-analytic review of the effects of exercise on brain-derived neurotrophic factor. Journal of Psychiatric Research, 60, 56–64. https://doi.org/10.1016/j.jpsychires.2014.10.003



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